
De repente un golpe. Una sacudida en la cara que se propaga rápidamente por todo el cuerpo. Lo sabía y sin embargo no lo vi venir. Esta sensación ya la conozco. Cada vez que llega juro que para la próxima estaré preparada, pero no logro aprender. Siento el daño y trato de disimularlo. Eso hace que el dolor sea cada vez más fuerte. Quiero gritar, y la voz no sale. Quiero llorar pero mis ojos están tan secos que queman. Quiero moverme y el cuerpo se agarrota, tanto, que dejo de sentirlo. Ya no me pertenece.
Se vuelve todo negro y corro, corro, corro. Está todo negro. Sólo siento mis piernas que tratan de huir de algo, pero que no saben de qué. Y el aire, que se agota. Y cuerpos grises indefinidos, que rozo y me arañan. Y el ruido, que me ahoga. Y yo, que corro.
Todo se para. Sólo se escucha mi respiración en un espacio vacío que está en penumbra. No hay nada. Excepto mi cuerpo. Excepto mi persona. Miro alrededor, y veo. Escucho, y oigo. Aunque no me guste y no quiera. Aunque me duela. Está ahí.
Todo se para. Sólo se escucha mi respiración en un espacio vacío que está en penumbra. No hay nada. Excepto mi cuerpo. Excepto mi persona. Miro alrededor, y veo. Escucho, y oigo. Aunque no me guste y no quiera. Aunque me duela. Está ahí.